"¿Cómo se puede mantener el talento en un mundo voraz? ¿Cómo no tentarse frente a las luces y apariciones?"

"Sólo depende de los que somos entusiastas de la moda que no se pierda la originalidad y la libertad de imponer tendencias."

"¿En qué momento esto deja de ser un hobby? ¿Cómo instalar una plataforma que permita construir una vida de blogger?"

"¿Queremos o no ser considerados un país donde existe la moda?"

"Una confección más enérgica y visualmente atractiva también puede ser un signo de distinción si se aplica en la justa medida."

Estró: El Atlas del Paladar

13/09/2012/ 10:00 am

Con este post se inaugura CARE THE FOOD, la sección donde hablaré de las experiencias del buen comer y el buen vino, el cual junto con la moda, conforman unas de las tendencias más fuertes en el arte del buen vivir. Por esto, les invito a leer sobre lo sucedido en mi visita al Estró, uno de los restaurantes del Hotel Ritz-Carlton que está dando mucho qué hablar en la escena gastronómica de Santiago.

De pequeños nos enseñan de forma caricaturesca las diferencias étnicas entre diferentes continentes y naciones. Pero, cuando se tiene la opción de notarlas sensorialmente entre cada cultura, algo más que distinción queda en mente. La bienvenida la hicieron unos muffins salados con cebolla que remontaron inmediatamente a la cocina francesa junto a un tartar de atún que venía con una generosa muselina de palta sobre un cono de masa de wantan. El cuadro hasta el momento ya era sorprendente, teniendo en cuenta que este era el primer round que venía por defecto. A su vez, un atentísimo servicio no me dejó respirar una sola molécula de oxígeno sin que me sintiera a gusto, relatando hasta el más remoto de los datos de cada uno de los platos. Hasta el momento, sólo quedaba ver con qué continuaría, declarándose una aventura tácita en la que China, Japón, Italia y Francia se hacían presentes cada uno con su tradición culinaria, para entremezclarse y lograr -junto con algunos ingredientes chilenos- una cocina multidimensional.

Dentro de los platos que sorprendieron, están los canelones de pato confitado, los cuales están hechos de wantan y que vienen con un ganaché de papas. Un plato que revoluciona la manera tradicional de servir el confit de pato. La carne de vacuno también estuvo presente, con un corte que por lo general cuesta disfrutar en su totalidad. Se trata del asado de tira, el cual se caracteriza por llevar 12 horas de cocción en vino carménère y sellado al vacío. Un trozo de carne de sabor único, en el que su afanosa estadía en el horno asegura una experiencia sublime al cortar y saborear. Cuando llega al plato, le acompañan un puré de puerros y coles de Bruselas. Japón marca territorio con su steak de atún que va sobre hongos shiitake y edamame (una variedad de poroto de soya), y que está coloridamente decorado por fideos de nabo y zanahoria. Fue así como llegué a los postres de la mano del país experto en ellos: Francia. El primero que desfiló por mi mesa fue un prominente soufflé de plátano, cuya sugerente turgencia no era precisamente para mirarlo largamente. Junto a él, había un cremosísimo helado de vainilla y una salsa de dulce de leche que conformaban un cuadro casi pecaminoso. Si la culpa fuese una enfermedad, habría estado cerca de la muerte. Pero eso no fue todo. Una selección de quesos franceses aterrizaron con trozos de dulce de membrillo y gelatina de late harvest. Un trinomio perfecto para despedir una noche donde todo fue estimulante y alejado de lo común, junto al maridaje con un espectacular Pinot Noir Edición Limitada 2010 de Morandé.

Estró: The World Atlas of Taste

With this post, the CARE THE FOOD section kicks off. Here, I’ll be talking about the experiences of great cuisine and wines, which, -next to fashion-, are one of the most strong lifestyle trends. For this matter, I invite you to read about everything that happened at Estró, one of the Santiago’s Ritz-Carlton Hotel restaurants, which is being very much talked about within Santiago’s food scene.

Ever since we are small kids, we are taught in a very exaggerated way, the ethnic differences among continents and nations. But, when the option of feeling them between each culture, something more than pure distinction comes to mind. I was welcomed with a starter consisting of a pair of salty onion muffins that reminded inmediately of french cuisine next to a tuna tartar that came along with a generous avocado muslin on the top of a wonton-made cone. It was already a picture perfect beginning, and that was only the first round of it. At the same time, a very much considerate service didn’t let me even breathe without making me feel fine, telling me everything -even the smallest details- of every dish served. Up to the moment, I only had to wait and see what was going on next, heading myself straight into an adventure that gathered China, Japan, Italy and France with their own culinary traditions, in order to get mixed to bring off -along with some Chilean ingredients- a multi-dimensional cuisine.

Among the dishes that well-surprised me, are the duck confit cannelloni, which are made of wonton and come together with a potato ganache. Certainly, a main course that changes the whole idea on how is duck confit served. Beef was in the menu as well, with a cut that is generally hard to enjoy in the whole. I’m talking about Short Ribs, which spend 12 hours in the oven, vacuuum-packed with carménère wine all over. A piece of meat of a unique flavor, thanks to its eager stay in the oven, guarantees a sublime experience when it comes to cutting and tasting. When the plate arrives to the table, it goes along with a leek purée and Brussels sprouts. Japan stands a chance with a tuna steak on top of shiitake mushrooms and edamame (a sort of soybean), which is colorfully decorated with turnip and carrot noodles. Then I got to the desserts by the hand of an expert country: France. The first one on the table was a prominent banana soufflé, with a suggestive turgescence that was not to be watched at large. Just beside, a creamy vanilla ice-cream and milk candy sauce that made it all a bit sinful. If guilt was a disease, I would’ve been close to death. But that was not everything. A selection of french cheese with quince jelly bits and late harvest jelly. A perfect trinomial to say goodbye to a night where everything was stimulating and out of the common, along with the matching with a spectacular Pinot Noir Edición Limitada 2010 of Morandé.

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